Descripción
A muchas personas les cuesta creer en ellos mismo. No se ven a sí mismos como fueron creados: a imagen y semejanza de Dios. Desde que nacemos, esa imagen perfecta se va distorsionando cuando miramos en el espejo de la sociedad y en otros espejos a lo largo del camino. El resultado es una autoimagen pobre que nos priva de creer en nuestras capacidades y amenaza nuestra relaciones, sobre todo las importantes: las familiares. No vivimos a la altura de lo que Dios planeó cuando nos pensó.

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